Cambiar, ¿para qué?

No quieres cambiar. Y qué? No pasa nada. Escribo este email pensando en muy buenos amigos, que no han cambiado nunca de trabajo. Y están muy bien así. El trabajo les ofrece todo lo que necesitan para el bienestar profesional: tareas interesantes, buen ambiente de trabajo, estabilidad, un sueldo correcto… y no se plantean un cambio. Perfecto!

Perfecto porque no todo el mundo tiene que aspirar siempre a más. Quizás no quieres tener más responsabilidad, con la que tienes, ya te es suficiente. Estás tranquilo con tu vida profesional. ¿Para qué agobiarte? Como decía una buena jefa… “necesitamos también el músculo” de la organización. Esta gente es el músculo. Hacen su trabajo y son eficientes. Conocen sus puestos al dedillo. Conocen la organización, se mueven sutilmente entre las redes de influencia sin hacer ruido… y van consiguiendo sus objetivos cada año.

Si estáis en este grupo, sóis personas que tenéis bienestar profesional. Disfrutadlo.

Y no hace falta darle más vueltas.

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